Este post viene a raíz del comentario de Sara en "Arquitectos de emociones" (para que veas que sí te presté atención ^^). Y, por ser la semilla de la entrada, podemos empezar con ese aspecto: la conveniencia y el deber en el amor. ¿Qué pasa cuando quieres a alguien, o quieres estar con alguien, pero el deber dice que no puedes? ¿A quién realmente le conviene impedirlo? Habría que analizar por qué no es correcto, por qué el deber dice que no, y dar un paso atrás para darse cuenta si ese deber tiene algún sentido o sólo es una cortina de humo que alguien puso allí para molestar. Puede ser que, en contra de lo aparente, se gane más negando esa conveniencia y compartiendo el tiempo con quien no debas, para ser más feliz (lo dejo aquí para que sigas dando tú tus argumentos, Sara).
Otro ejemplo cutre puede ser de la categoría de los que la gente toma como fundamental sin pararse a reflexionar, como el deber de asistir a clase de teoría en la universidad. Hasta ahora esto no ha sido estrictamente obligatorio (¡¡qué bonita es Bolonia!!), pero en cualquier caso si alguien no iba a clase, ya se le miraba mal antes, y bajo mi punto de vista, esto no tendría que ser así: se espera de los universitarios que tengan la responsabilidad y el criterio suficiente para poder decidir cuándo les conviene y cuándo no asistir (aunque sea bien sabido que no todos poseen estas cualidades), y, objetivamente, existen casos en los que lo más aprovechable para un buen estudiante es quedarse en la biblioteca trabajando la asignatura por su cuenta en lugar de perder una hora en un aula en que no está realmente aprendiendo nada. Esto representa una situación hipotética, como muchas otras similares en otros ámbitos.
La sociedad frecuentemente tiende a establecer normas por convención, cosa que está muy bien cuando se necesita regular algo y no hay motivo aparente para decantarse por una u otra resolución. Pero la arbitrariedad
como regla porque sí, sin un criterio objetivo y de suficiente valor, para casos en los que el resultado no va a afectar a más personas que sobre las que pesa dicha obligación, no tiene sentido, y, por eso mismo, deberíamos replanteárnosla para cambiarla, pues lo único que puede estar causando es daño en la gente que por sí misma no la seguiría. No podemos ir como maletas por la vida, sin pensar lo que hacemos y lo que no, ni por qué seguimos unas normas u otras; debemos reflexionar para darnos cuenta de lo realmente importante, y reivindicarlo con el fin de mejorar el mundo.Hay personas que se ríen de los niños cuando, al empezar a hablar, dicen cosas como "he rompido" o "he escribido", pero en realidad lo que están dando son muestras de inteligencia. Los niños no están viciados por la experiencia, no se dejan guiar por lo que han visto tantísimas veces que ya ni recuerdan por qué lo siguen, como nos pasa a nosotros.
Los niños preguntan a todo "por qué". Son curiosidad pura, son lógica aplastante. Relacionan las cosas por cómo deberían ser, no por cómo son a causa de arbitrariedades de la vida o de razones históricas. Al igual que con el participio de los verbos, bien por reflexión o por intuición, crean nexos de unión entre cosas similares, y parten para todo razonamiento desde cero, sin dar nada por hecho.Así tendríamos que funcionar nosotros, preguntándonos el porqué de las cosas desde su origen, relacionando los valores con lógica y no por convención, descartando la conveniencia y el deber sociales en virtud de una conveniencia utilitaria y un deber moral racional.

7 comentarios:
Muy buena la entrada, me la reservo para leerla en profundicad cuando esté más despejada para comentarla en condiciones.
Saludos
SARA H
PD. Me alegro de haberte motivado para escribirla a raíz de un comentario mío!
Como dije, ahí va mi comentario, el cual me ha quedado un poquillo largo :S
La verdad es que me ha dado mucho que pensar el tema este del deber. Por otra parte, yo creo que es un tema muy subjetivo.
Uno puede creer que lo bueno es una cosa, y lo malo otra, y su vez otro pude pensar que lo bueno es lo contrario a lo que pensaba el primero.
Por una parte, hablas del tema de ir o no a clase. Sinceramente, yo pienso que si no se va a clase se piede mucho, porque siempre se explica algo que no encuentras en unos apuntes de otra persona, y siempre se ahorrará uno tiempo de estudio en casa. Pero claro, esa es mi opinión, otro pede pensar que ir a clase es una pérdida de tiempo.
El que estudia dos meses antes del exámen y el que estudia dos días antes y aprueban ambos, pues muy bien por los dos, por el que dice que hay que estudiar mucho y por el que dice que estudiando dos dias antes aprueba. Muy bien. Cada uno tiene su verdad, cada uno tiene su forma de ver las cosas y a ambos les va bien así.
Voy a poner ahora un ejemplo extremo: imaginemos que alguien ha matado a otro. Vamos a suponer que no está loco. Si mató a alguien, sus razones tendrá. Igual era simplemente que el otro le caía mal, y por eso le mató. El asesino piensa que debía hacerlo; y es probable que todos los demás piensen que lo que hizo está mal. Quizás lo que hizo sí está mal, pensando en las leyes establecidas, pero él lo consideró oportuno por los motivos que fueran.
Por otra parte, hablas del tema del amor, comentas que qué pasa si "quieres a alguien, o quieres estar con alguien, pero el deber te dice que no puedes", es decir, si hay que hacer lo que se supone que debe hacerse, o lo que uno siente.
Me viene también a la mente un tema extremo, casos sonados en las noticias de mujeres maltratadas por sus parejas pero que siguen con ellos. Quizás sea un caso de estos de que quieren a alguien, y ese alguien la hace daño pero ella no quiere dejar a esa persona por la esperanza de que algún día cambiará. A ellas todos las dirán que se separen de él, que se vayan, pero ellas muchas veces lo dejarán pasar por todos los buenos recuerdos vividos. Quizás en este caso extremo sería malo el dejarse llevar por lo que uno siente.
¿Pero y en los demás? Alguien puede querer mucho a su pareja, pero no estar bien en cuanto a convivencia o en cuanto a lo que sea, y se empezaría a replantear si seguir lo que siente o lo que supuestamente debe. Uno también puede estar muy bien con su pareja pero que por lo que sea la gente no le acepten o algo, y hagan que se replantee si "la gente" tiene razón o si la razón la tiene él mismo aunque muchos no lo piensen así. Como decía al principio, yo creo que este es un tema muy subjetivo.
Luego también está el caso de que aparezca una tercera persona en la vida de alguien, y ya no sepa ni lo que siente, porque quizás Siente que Debe seguir como está porque quizás le da miedo pensar que pasaría o que pensaría la gente, y entonces yo creo que la persona ni sabría qué sentir por miedo al qué dirán. Pero eso ya es otro tema aparte que estaría interesante también, el qué dirán, hay gente que les importa mucho y gente que va más a lo suyo sin pensar en ello.
Voy acabando ya, la verdad es que llevo ya mucho tiempo escribiendo esto. Espero no haber aburrido a nadie con la longitud de este comentario, es que me ha dado mucho que pensar.
Un saludo
SARA H.
Wenas a todos!,
Me parece muy interesante el post que has elegido para el debate, aunque, y siento discrepar con Sara, el tema del deber, yo lo veo íntimamente ligado al del que diran (tema del cual espero impaciente hagas una pequeña reseña), ya que las normas se supone que son un conjunto de leyes, escritas o no (puesto que si nos fijamos podríamos encontrar casi tantas normas de comportamiento no escritas como escritas) que han sido acordadas por todos, o cuanto menos por una representación medianamente creíble de todos. En este punto, los que evalúan que las normas y el deber se cumplan son los otros, es decir, y volviendo al caso extremo de Sara, si alguien ha matado a otra persona, y nadie lo ha visto, ni puede descubrirlo, ¿es realmente un crimen? No habría nadie para juzgar si ha seguido las normas o no, por tanto, para el individuo que ha matado no sería un crimen y para el resto tampoco porque no lo sabrían. (Obviamos al muerto que por su situación ya no puede opinar sobre esto, desgraciadamente)
Pero, aparte de esto, y ya entrando mas en el tema del que hablamos, es verdad, muchas veces ese deber nos empuja en direcciones opuestas a las que el gusto o la intuición nos llevan, y además ese sentimiendo de tener que hacer algo no tiene por qué salir de ningún sitio. A veces son simplemente esas normas impuestas socialmente desde hace tiempo las que nos llevan a hacer cosas que no queremos. Es cierto tenemos que cuestionárlas pero sin perder el norte de lo que queremos y de si existe algo tangible, alguna razón de peso detrás del deber por el cual tengamos que seguirlo.
Yo también voy a ir cerrando esto, que quizá me he extendido demasiado. Gracias por leerlo ^^.
Chris, sigue publicando temas tan jugosos pliz!
John Doe
Buenas.
A ver, quería decir lo primero cuál ha sido mi intención con la publicación de estas últimas dos entradas. En la segunda parte es en la que me dedicaba algo más a profundizar en la moral y en el conflicto interno que supone seguirla o no, y quizá es en la que hubiera sido más conveniente tratar la mayoría de temas que proponéis, pero total, tampoco está tan lejos lo uno de lo otro.
En esta misma, la primera sobre "Conveniencia y Deber", sólo estaba ejerciendo una crítica a las tradiciones sociales (evidentemente escritas y, sobre todo, no escritas) que lo son meramente por eso, porque lo han sido siempre, y que, quizá llegado el momento en el que estamos, han perdido el sentido, o quizá la sociedad haya madurado lo suficiente como para darse cuenta de que no tenían tanto sentido como aparentaban. Y es eso contra lo que quería rebelarme, pensar las cosas desde el principio para ver si realmente sirven para algo o no los prejuicios en asuntos como éstos.
En el tema de lo de las clases y exámenes, Sara, quería poner un simple ejemplo, no entrando demasiado en el contenido, sino sólo queriendo manifestar que el prejuicio es el error, porque ciertamente te doy la razón en los casos que tú estás poniendo, siempre suele convenir más ir a clase. Pero lo que a lo mejor tú no sabes es que mi profesor de química no daba clase, sino que se dedicaba a hablar de su vida, y que a lo mejor yo, para aprender química de verdad, prefiero quedarme estudiando el Chang en mi casa, aunque luego no sea eso lo que vaya a entrar en el examen (si bien nada de lo que vaya a entrar lo ha explicado de todas formas). Por eso el prejuicio es incorrecto, pues se deben conocer primero los detalles antes de emitir un juicio generalizado.
Y en cuanto a lo de estudiar 2 meses o 2 días para obtener la misma calificación, se le podría ver más mérito al que estudia menos, porque quizá tenga más capacidad intelectual, pero precisamente yo valoraría mucho más todo lo contrario, pues teniendo que esforzarse mucho más, el que ha tardado 2 meses ha trabajado lo suficiente para conseguir sus objetivos, y eso me parece mucho más meritorio que el que lo hace porque puede sobradamente sin poner más de su parte, aunque de todas formas, ambos hayan alcanzado su meta. Pero esto no tiene absolutamente nada que ver con el tema, así que mejor lo dejo.
Lo que planteais de que cada uno tiene su verdad es el relativismo moral, cada uno ve lo que le conviene en función de las circunstancias, y hace lo que le interesa sea o no lo que pueda sentir que es bueno o malo, precisamente porque se basa en eso para diferenciar lo bueno (lo que él quiere hacer) de lo malo.
Pero sabemos de sobra que la realidad no es así, que lo bueno y lo malo lo deben ser en sí mismos y por una razón, algo como el objetivismo moral, la corriente antagónica.
Una forma de intentar encontrar la verdadera esencia de lo que es bueno y de lo que es malo, que yo he intentado utilizar siempre, incluso de pequeño cuando no había estudiado aún que ningún filósofo llamado Stuart Mill lo hubiese propuesto, es el utilitarismo: intentar hacer el mayor bien para el mayor número de personas. Puede ser algo complejo, pero sólo es una posibilidad.
En cualquier caso, en el ejemplo del asesinato, por muy impune que quede el asesino de la justicia si nadie se entera nunca de lo que hizo, eso no convierte su acción en menos incorrecta.
En cuanto a lo del amor, estableces diferencias hechas por ti misma, Sara, en los casos del maltrato y de la aceptación social de la pareja de alguien, ¿por qué? La cosa es que yo también estoy de acuerdo en que si tu familia y/o amigos no aceptan a tu novio, debes luchar por que lo hagan, y que si una mujer está siendo maltratada, hay que luchar por que quiera dejar a su marido; pero, ponte en el caso de esa mujer, y en el caso de tus amigos. Aunque por un lado te esté perjudicando estar con una persona, voluntariamente tú quieres seguir con ella, y eso será porque haya otras cosas que te mantengan a su lado. Y si ves que están perjudicando a alguien, tú vas a intentar que deje de hacerlo, evidentemente no aprobando la relación. En ambos casos ocurre lo mismo; por tanto, ¿quién debe decidir "objetivamente" qué es lo mejor en cada caso?
Es en el tercer caso, la aparición de una tercera persona, en el que se crea un dilema real. Real, porque eres tú y sólo tú quien sabe lo que debe o no debe, y tiene que tomar la decisión final, porque, creo que aquí sí, el deber lo marcas tú.
Por último, el qué dirán. Me parece ciertamente interesante la influencia que tiene en las personas lo que una acción pueda repercutir en su imagen. En la cultura japonesa tradicional, el "haji" (vergüenza) es el que marca en última instancia las líneas del camino a seguir (si os interesa la temática os recomiendo "El Crisantemo y la Espada", de Ruth Benedict; os lo prestaría, pero creo que Hisuin tiene mi ejemplar). Si el haji de alguien crecía demasiado, esa persona era repudiada por la sociedad debido a su mala reputación, y la única forma de volver a ser aceptado era mediante el suicidio. En nuestra cultura, la influencia de la apariencia quizá no sea tan radical, pero puede que sí tan evidente; como decía Merthin, en cuanto uno se compra un coche, el vecino quiere comprarse uno mejor para intentar demostrar algo, aunque aún no entiendo muy bien el qué.
Yo, personalmente, si hago o no hago algo, no es pensando en si un porrón de gente, que no conozco ni me conoce de nada, va a pensar que esté bien o mal, sin haberse preocupado primero por informarse bien de todas las motivaciones de mi forma de actuar. Las personas cuya opinión me importa son las que más cerca tenga, que ya habré tenido en cuenta, o que deberán entender mi decisión sea la que sea.
John Doe, no sé si me voy muy lejos, pero como el hecho de no haber insistido más en el tema hasta ahora no implica que mi la sed de mi curiosidad se haya calmado, voy a probar suerte... ¿Kike?
PD: Esto para que volváis a decir que vuestros comentarios eran largos. Aunque ya sé que aburro hasta a las piedras, por lo menos para mí, los más largos son los mejores muahahaha
Creo que voy a jugar un poco al abogado del diablo, guajaja!!! Me parece muy bien todo eso de que uno es el que debe elegir su propio deber, y que no deben haber terceras personas que juzguen. Muy bien, eso es muy fácil de solucionar: ¡¡Matemos a todos los juezes!! ¡¡Viva la anarquía!!
Creo que vuestras opinión sobre que cada uno debe decidir lo correcto es una utopía que se ve truncada por la imperfección y el egoísmo humano. No quiero irme a casos muy extremos, imaginaos un partido de futbol, y no hay árbitro. ¿Qué pasará? que todos (vale, voy a ser bueno, la mayoría) de los jugadores harán faltas y de todo. No estoy diciendo que haya que ser extremistas y ponerse a controlar cada acto de nuestras vidas, pero creo que ciertas normas debe haber. Si bien es cierto que para juzgar cuando puede haber excepciones están los jueces (no hablo en ningún momento de abogados, a esos si que habría que quitarlos a todos de enmedio XD). El problema es que esas leyes deben llegar hasta un punto en el que las decisiones morales puedan ser decisiones en base a lo bueno para uno mismo o los demás (elección propia de cada uno) sin tener en cuenta el que diran. Los prejuicios cambian con el tiempo, al igual que la visión particular de las cosas que cada uno tiene, y son totalmente inútiles. El deber debe llegar hasta el punto en el que no se necesita la opinión de los demás, es decir, hasta que nuestras decisiones nos afectan a nosotros mismos y a nuestros allegados (familia, pareja, amigos), y a nadie más. En ese momento entra en juego la moral de cada uno, que si fuesemos perfectos no tendría cabida.
Mi comentario es el más largo y por tanto mejor (razonamiento de Christian XD).
Un saludo.
Siempre debe haber unas ciertas normas básicas, como dice Floren_42, me ha gustado el ejemplo del árbitro.
Aunque por el final dice que "el deber debe llegar hasta el punto en el que no se necesita la opinión de los demás, hasta que nuestras decisiones nos afectan a nosotros mismos y a nuestros allegados". Si algun acto nuestro va a afectar a otras personas, deberíamos tener en cuenta sus opiniones. Por eso creo que pocos actos son realmente subjetivos de uno mismo, porque siempre hay unos que dicen que hagas una cosa, otros que hagas lo contrario, y ahí es cuando uno se encuetra condicionado por los demás. Aunque cada uno es dueño de su propia vida y puede hacer caso o no de las opiniones de los demás.
Un saludo,
Sara Herg.
yo lo decía por casos, como por ejemplo, cuando una persona está con otro sólo por pena y por todo el tiempo que llevan juntos, y no quiere hacerle daño. En ese momento no puedes tener en cuenta las decisiones de los demás, es más importante que la persona sea feliz y que le deje aunque cueste.
Un saludo
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