martes, 24 de febrero de 2009

De la Amistad y el Amor

Viniendo algo a cuento, y a raíz de unas conversaciones ocurridas en León este fin de semana, en este post quería plantear cómo son las cuerdas que unen estos dos tipos de relación tan próximos y a la vez desemejantes como lo son el amor y la amistad, y los motivos que pueden llevar a pasar de uno a otro o a no hacerlo. Me basaré en conjeturas durante todo el texto, por lo que espero que hagáis las correcciones que estiméis oportunas. Aunque en la entrada anterior criticaba el uso viciado de la palabra "amistad", es casi imposible el no caer en lugar común, y, puesto que también forma parte de nuestro vocabulario, aquí me referiré a ella con un valor no necesariamente en consideración tan alta como lo hice previamente, sino sólo como un sinónimo de buena relación, llevarse bien, y compartir vivencias.

Hechas estas aclaraciones, procederé a tratar de exponer cuáles pueden ser las múltiples maneras de entrar en
el "cajón de sastre" de las relaciones de pareja. Puede pasar que dos personas que no se habían visto nunca se conozcan una noche, se enrollen, y empiecen a mantener un contacto frecuente, del tipo que sea; o puede ser que dos amigos de hace años, un día descubran algo nuevo entre ellos que les atraiga de un modo especial, y con algo más de tiempo, se decidan a intentar algo más; entre estos casi extremos puede haber un sinfín de posibilidades intermedias, los casos que supongo los más habituales, como en el que unos amigos te presentan a otros amigos entre los que se halla aquél o aquélla con quien progresivamente aumentará ese vínculo.

Pero focalizando en lo que propiamente consistiría ese "paso" de un estado al otro, ¿cuáles son los motivos que nos llevan a él? Innegablemente existe una componente física, de atracción sexual y/o estética, que quizá desde un primer momento podemos percibir por alguno de nuestros sentidos (siendo evidente los distintos gustos d
e cada individuo), y que es claramente predominante en el primero de los hipotéticos casos radicales anteriores. Pero por supuesto tiene que haber algo más que eso, ya sea afinidad en los gustos, las vivencias compartidas, los valores morales comunes, u otro conjunto de rasgos cualesquiera de la personalidad, que influya eminentemente hasta el punto de modificar y retocar, para bien o para mal, esa primera apreciación física. Y es que, aunque la apariencia de los humanos cambia, la percepción para una misma apariencia es definitiva; sin embargo, es este ingrediente psicológico el que se mantiene en constante evolución, y se ve levemente alterado a cada momento que pasa, en función del comportamiento de la persona objeto de estudio.

La teoría del torrente de reacciones químicas asociadas, y su mayor o meno
r importancia en todo esto, es difícil de integrar, pues podría pensarse tanto como parte consecuente de los dos motivos explicados, como si de la causa original misma se tratara, aunque en cualquiera de ambas suposiciones, no sería posible tomarla como un elemento independiente, y por eso, prefiero verlo como algo secundario.

Por otra parte bastante opuesta, está la posibilidad de conservar o no una buena relación con alguien con quien se acaba de terminar unos lazos de pareja, sin entrar demasiado en los motivos que hayan podido conducir a ello (dejar de amar, sobre lo que ya escribí alguna reseña en "Arquitectos de Emociones", o concebir incompatible el idilio con la felicidad propia por motivos ajenos a los propios sentimientos). Cada caso engloba un cúmulo de circunstancias que lo hacen único, por eso se hace intrincado el pretender recopilar las características comunes. El caso es que, sobre todo cuando se ha compartido una larga amistad previa al amor, aparece una nostalgia o morriña que se niega a perder todo trato con la otra persona, y se intenta entonces recuperar esa "amistad a secas" que hubo al principio y que tantas cosas buenas nos dio, y que tantas cosas aún nos va a seguir aportando. Más difícil es hacer esto cuando una pareja empezó directamente al poco de conocerse,
y si no hay elementos comunes (como otros amigos, trabajo, estudios), y cuando, incluso, no parece existir en el mundo ningún motivo que nos anime a ello. De nuevo recapacito para considerar la cantidad de casos combinados y heterogéneos que caben entre estos límites.

La conclusión de todo esto es que los sentimientos no son sésiles, que pueden alterarse y de hecho a veces llegar a invertirse, que lo que a veces parece tan lejano puede hacerte chocar con ello si descuidas la mirada y no te das cuenta de que te estabas acercando más rápido de lo esperado. En la amistad está la base de todas las demás formas superiores de relación, pero no es lo único que lo determina. Se puede entrar y salir sin hacer mucho ruido, o armando un estrepitoso escándalo en la vida de cada uno, pero a veces no se puede evitar y la única decisión a tomar es si quedarse en el apartamento de al lado o mudarse al otro rincón del país.

6 comentarios:

EloraDana dijo...

De acuerdo.

Anónimo dijo...

Muy buena tu entrada
Hago especial incapié en el penúltimo párrafo, dónde hablas de si puede haber amistad después de haber habido amor.

Separas por dos lados dos tipos de amores: los q antes fueron mucho tiempo amigos, y los que no. Pero yo creo que se debería hacer otra clasificación: los que estuvieron saliendo mucho tiempo y los q estuvieron poco.

Quizás para los q estuvieron saliendo mucho tiempo sea más fácil ser luego amigos (o quizás no sea fácil pero sí intentarlo), en el sentido de que como dies, sería muy duro perder el contacto de la noche a la mañana.

Los q estuvieron menos tiempo, quizás depende como dices de si antes fueron amigos o no. Si antes no fueron amigos, supongo q si se ha roto el lazo amoroso, se rompe el contacto completo. Y si antes fueron amigos durante mucho tiempo, quizás uno se arrepienta de haber empezado algo con ese alguien para romper la amistad q tenían antes. Se puede dar el caso de dos amigos de hace años, q de repente empiecen algo pero luego lo dejen por el motivo que sea. ¿Se puede volver a ser amigos? Quizás uno ahí se arrepiente de haber transformado lo q bueno q tenían en otra cosa, o quizás ya no se sepa como actuar. Ahí deberían LOS DOS intentar volver a la amistad, pero de todas formas yo creo que esa amistad nunca volverá a ser como antes.

Anónimo dijo...

PD: Quizás los dos quieran recuperar esa amistad inicial pero ya no sepan como hacerlo... Quizás ya ni puedan mirarse a los ojos...

Chriskai dijo...

Buenas.
EloraDana, me complace y halaga enormemente tu visita a éste mi blog, y espero que te haya gustado lo suficiente como para volver a pasarte de nuevo alguna otra vez.

"Misterioso-ente-anónimo-asexuado-y-sin-pseudónimo", me parece también adecuada tu nueva clasificación en función del tiempo que hubiese durado la propia relación de pareja, si bien me parece que no tiene por qué estar en una proporcionalidad directa, dado que a veces, una relación (tanto de amistad como de noviazgo) de más tiempo es menos consistente o completa que una más corta pero más auténtica e intensa.

Y también insisto en que cada caso es totalmente único, y en realidad todo esto son especulaciones inciertas, pues en cada situación la cantidad de variables es innumerable, pero no creo que necesariamente sea imposible volver a la amistad tras haber mantenido otro tipo de relación, y que, si de verdad ambos implicados así lo desean, y se consiguen liberar de la apariencia, del orgullo, de los prejuicios y los pensamientos negativos, el retorno al estado inicial es la tendencia más natural de todas las opciones.

Anónimo dijo...

No creo, que la relación que puede haber tras una relación tenga algo que ver con el tiempo de esta. Hay relaciones que duran mucho pero que al final se veían muy ocasionalmente y casi ni había relacion, sólo estaban por estar y ya está. Por otro lado puede haber relaciones muy cortas pero emocionalmente muy intensas y en las que se llega a un conocimiento muy profundo del otro. Yo creo que la clasificación debería hacerse en función de las causas o motivos de la ruptura:si los dos deciden cortar porque se acaba es más fácil mantener la relación; en cambio, si uno deja al otro por X motivo, la situación es más difícil de manejar y volver a la amistad anterior; también el motivo puede ser una infidelidad, motivo por el cual el que corta se siente muy ultrajado y traicionado, en esta situación es muy difícil que la parte afectada quiera volver a la amistad, aunque cada uno reacciona ante la infedelidad de una manera distinta. Las rupturas tras una pelea son siempre más difíciles de superar, sobretodo, porque dar el primer paso es muy difícil.

Creo que en cualquier caso la amistad puede volver a ser retomada, pero requiere tiempo y paciencia por parte de ambos, y es que el tiempo todo lo cura. Lo que no se puede es pretender que de la noche a la mañana todo está bien, ni presionar al otro, hay que dejar que el roce actue y vuelva a formarse el cariño.

Y no hablemos ya de la dificultad añadida de los amigos de por medio... o ya en plan pesimista de los hijos en común. En estos casos hay una presión añadida para que se vuelva a retomar la amistad, lo que puede agobiar un poco. Creo que para mi lo más importante es que se den espacio y tiempo.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, muuuuuuuucho tiempo y espacio.