jueves, 23 de octubre de 2008

Bioética: los límites de la vida

Bueno, el primer post que publiqué fue el primero de lo que denominé "Ciclo de la Bioética", temas candentes de actualidad que, en última instancia, tienen alguna repercusión directa sobre la vida. Aunque pueda parecer algo pretencioso que hable de este asunto a pesar de no haber conseguido plaza en la clase de Bioética, creo que lo importante es intentar informarse mientras sea posible por los medios de que uno dispone. Notaréis, como pasará en entradas posteriores, que apenas introduzco el tema, puesto que lo que esperaba es que fueran los "comentaristas" los que diesen su opinión y a partir de ella establecer una conversación más profunda.

Sin má
s dilación, comienzo con este artículo en el que trataré esos aspectos que rozan los límites entre la "vida" y la "no-vida", por decirlo de esta forma, es decir, principalmente la Eutanasia y el Aborto.

Para éste, lo primero habríamos de fijar el momento en
que poder considerar persona al nuevo ser vivo. Según la mayoría de Iglesias, los creen así a partir de la misma concepción, cuando apenas son un cigoto, una única célula. Algunos encuentran este punto hacia la tercera semana, cuando aparece el sistema nervioso; otros hacia los tres meses, con un grado de desarrollo general mayor; y otros sólo desde el nacimiento. Además de ello, habría que tener en cuenta muchos más detalles, como las circunstancias de los propios padres, o los riesgos de salud, tanto en un sentido como en otro (que permitan o dificulten el aborto), que afecten a la madre. Son conocidas cancioncillas que hablan del aborto como algo aberrante, que hasta nos hacían llorar de pequeños pensando en el pobre bebé, pero también otras que lo defienden en favor de la mujer que lo alberga en su vientre.

Al pensar en eutanasia a casi todos nos viene a la mente la historia de Ramón Sanpedro, quien voluntariamente prefería no seguir viviendo
en las condiciones en que se encontraba. Para empezar, hay muchos otros casos que poco tienen que ver con éste, estando el interesado en mucho más grave situación física, como enfermos terminales que sólo están alargando su sufrimiento, pero ¿a quién le corresponde decidir cuál es la línea divisoria que lo separa? Hay una distinción entre la eutanasia pasiva (que es dejar de emplear métodos artificiales para mantener la vida) frente a la activa (emplear medios directos para producir la muerte); ambas contrastan con su antónimo, la distanasia (que sólo retrasa una inminente muerte en un cada vez peor estado).

Me parece interesante (sólo como curiosidad, sin ánimo de poner a la Iglesia en el punto de mira) remarcar que personajes religiosos tan importantes como el
mismo Papa Ratzinger (Benedicto XVI) no acepte bajo ninguna circunstancia la eutanasia ni el aborto, y, sin embargo, justifique la toma de armas en una guerra y la pena de muerte como una defensa frente a una amenaza externa. Lo toma como un derecho de la sociedad, pues ésta debe buscar los medios para asegurar la “paz”, pese a que en ningún otro caso concede la categoría de asunto humano (sino exclusivamente divino) a arrebatar una vida.

En materia de eutanasia y aborto, una cuestión clave para posicionarse es la definición (en cada caso) de lo que es la “vida” para el paciente y el embrión / feto, si es que se le puede llamar así, y del sufrimiento que se va a producir o evitar con ello.

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